22/06/1777 – 03/03/1857
Guillermo Brown nació en Foxfort, condado de Mayo, Irlanda, el 22 de junio de 1777.
Formado en el sacrificado arte de navegar en aguas del Atlántico Norte, llegó al país en el ambiente tumultuoso
de la revolución de Mayo, y fueron precisamente esos sucesos los que cambiaron definitivamente el curso de su
vida. Nadie todavía imaginaba que se convertiría en el hombre destinado a escribir las páginas más gloriosas
de la historia naval Argentina.
Cuando en 1814, las operaciones de guerra por la Independencia, hacían imperativo armar una escuadra para quebrar
el control realista sobre las aguas del Río de la Plata, no dudó en ponerse al servicio de la causa libertadora,
que reclamaba de su valor e inteligencia.
Al mando de la fragata Hércules y secundado por otros ocho navíos de distinto porte, Brown tomó la isla Martín
García, venció a la temeraria escuadra realista, bloqueo el puerto de Montevideo, y con el cerco cerrado por él
facilitó la capitulación de la ciudad.
Después de aquella victoria, el respetado irlandés, que con su espíritu y coraje se había ganado la admiración
de todo Buenos Aires, fue elegido para llevar adelante una ambiciosa empresa militar en aguas del Pacífico. Las
operaciones corsarias bajo su conducción, además de hostigar el comercio y el poder marítimo español, contribuyeron
a difundir las ideas de libertad en las costas de Chile, Perú y Ecuador.
A las acciones durante la guerra por la Independencia le siguieron las de la guerra con el Brasil. Los combates
de Los Pozos, Quilmes y Juncal jalonaron esa campaña donde junto a la figura de Brown, brillaron las luces de otros
héroes navales argentinos, como Tomás Espora y Leonardo Rosales.
El gobierno de la Confederación Argentina también lo encontró fiel a la bandera de la Patria y ante la amenaza
extranjera no trepidó en ofrecer su espada en defensa de los ideales de libertad y soberanía.
Guillermo Brown no dejó testimonios de su vida privada, sobre la cual mantuvo siempre un responsable silencio.
La tradición señala que en la madrugada del 3 de marzo de 1857 antes de cerrar los ojos para siempre, dirigió la
mirada hacia su amigo el coronel José Murature, diciéndole: “comprendo que pronto cambiaremos de fondeadero, ya tengo
práctico a bordo”
En su despedida Bartolomé Mitre observaba que su existencia había sido “la consagración a la religión sublime del
deber, la fidelidad a la vieja bandera de su patria adoptiva, el culto del honor militar y la práctica de las virtudes
públicas y privadas, que realzaban la magnitud de sus hazañas y la altura moral del héroe republicano”.
Del episodio grandioso de las campañas navales, a la dimensión humana de quien las protagonizó, no existen distancias.
Brown acudió cada vez que fue requerido al llamado de las armas alternando la dura vida de hombre de mar con el trabajo
de la tierra y la vida sedentaria de su pequeña quinta de Barracas. En efecto, jamás se apartó de la línea trazada por
sus ideales, ni se envaneció con los laureles conquistados en sus campañas.
Irlandés de origen y argentino por opción dignificó por igual a las dos naciones. En Europa quedaron las remembranzas
de la infancia que forjó las primeras líneas de su carácter, en nuestra tierra, que siendo suya, también lo fue de sus
hijos, una hermosa lección de vida consagrada a la libertad.